En personas sanas, los huesos y la articulación del codo pueden romperse a consecuencia de traumatismos desde la propia altura o con golpes de más alta energía, como caídas de altura, accidentes deportivos como caídas en bici o patines, o en accidentes en vehículos a motor como monocicletas o coches. Dependiendo de la intensidad del traumatismo y de la manera en que este se produce, se romperán unas estructuras u otras.
Las fracturas y lesiones aisladas más frecuentes son:
1 Fractura de la cabeza del radio: En general, las de menor desplazamiento llamadas tipo I y II, pueden tratarse con un breve periodo de inmovilización y una recuperación dirigida obteniéndose buenos resultados en la mayoría de los casos. Sin embargo, cuando afecta a toda la cabeza, y especialmente si los fragmentos están desplazados e interfieren con el movimiento, es necesario proceder a un tratamiento quirúrgico.
2 Fracturas de olecranon: esta lesión se produce justo en la prominencia que tenemos en la parte posterior del codo. Dado que el músculo tríceps se inserta justo en esta estructura, es habitual que tire del fragmento desplazandólo y separando los extremos de la fractura, por lo que la mayoría se tratan quirúrgicamente con algunas excepciones en las personas más mayores y frágiles.
3 Fracturas de húmero distal: estas fracturas suelen ser más graves que las anteriores y como consecuencia de traumatismos más intensos. Se localizan en la parte más baja del húmero, en la parte de este hueso que forma la articulación del codo. La mayoría están desplazadas y requieren tratamiento con cirugía para poner las piezas en su sitio para que no interfieran con el movimiento. Se considera una de las lesiones más graves porque suele además afectarse las partes blandas alrededor de la fractura.
4 Luxación simple de codo: En este caso lo que se rompen son los ligamentos que mantienen unidos los huesos del codo para que no se separen durante el movimiento y la actividad de la articulación. Como consecuencia, el cúbito se desengancha del húmero y suele requerir una maniobra para ponerlo de nuevo en su sitio. La intensidad de la lesión de los ligamentos determinará el mejor tratamiento de estos pacientes, aunque la mayoría pueden tratarse sin cirugía.
En otras ocasiones, la violencia del traumatismo produce combinaciones de lesiones de las estructuras mencionadas anteriormente. Los patrones de lesión más frecuentes son:
1 Triada Terrible de codo: En esta lesión se produce una fractura de la cabeza del radio habitualmente desplazada, una fractura del cúbito justo en la porción que sirve para abrazar al humero y mantenerlo en su sitio (apófisis coronoides), y una luxación de codo con rotura de al menos el ligamento externo del codo. Suelen necesitar cirugía, pero aunque su nombre puede ser alarmante, en manos expertas los resultados son muy buenos en más del 90% de las personas.
2 Fracturas y Fracturas aisladas de coronoides: Si nos imaginamos el codo como una tuerca (el húmero) y una llave inglesa (el cúbito), la coronoides es una de las patas de la llave inglesa que mantiene unido el cúbito al húmero. Cuando se rompe, de manera invariable también se rompen los ligamentos del codo resultando en un codo inestable. La importancia de esta lesión radica en que las radiografías pueden dar sensación de ser una lesión muy leve; sin embargo, sin el tratamiento correcto, que puede requerir cirugía o inmovilización del codo, los resultados pueden ser muy malos si los ligamentos no curan bien desencadenando una artrosis precoz de muy difícil tratamiento. Afortunadamente, un tratamiento correcto evita esta complicación en la mayoría de las personas; la clave está en identificarla y tratarla correctamente.
3 Fracturas luxaciones trans-ulnares: son de varios tipos y subtipos, pero todas tienen en común la rotura del cúbito asociada a una inestabilidad adicional del codo producida por diferentes combinaciones de lesiones del resto de los huesos y ligamentos del codo. Su clasificación y tratamiento depende de nuevo del estado de la coronoides, aunque la inmensa mayoría necesitan cirugía con unos objetivos muy concretos de cuyo cumplimiento depende el resultado de la recuperación de la persona que la sufre.
Como puede observarse, el tratamiento de cada una de estas lesiones es muy diferente, por lo que es de vital importancia la identificación precisa e inequívoca del patrón de lesión y los elementos que la componen; esta información, junto con las características y necesidades del paciente, determinará cual es tratamiento adecuado para posibilitar una recuperación funcional que permita recuperar la calidad de vida y volver a nuestras actividades habituales. Los conocimientos sobre estas lesiones han aumentado de manera considerable en los últimos tiempos; por ello, en la ejecución de este tratamiento, que en muchas ocasiones es quirúrgico, la experiencia y habilidad del cirujano junto con la elección de los medios tecnológicos correctos para la reparación y reconstrucción de los elementos fracturados son de vital importancia para que la recuperación sea lo más satisfactoria posible.
